El Bien y el Mal

Teoría, ensayo y práctica

Venía “El Bien” caminando de manera lenta y apacible por el sendero, cuando de pronto se encuentra con “El Mal”, que se acerca a paso apurado y en sentido contrario. “El Bien” le hace un gesto con amabilidad y educación, y al mismo tiempo le dice:”buen día!”; “El Mal” le devuelve el saludo con una sonrisa sarcástica y frotándose las manos, con una mirada como de león a venado y diciéndole: ”Últimamente la gente me está confundiendo contigo cada vez con más frecuencia, ja!”, mientras seguía sonriendo; a lo que “El Bien” respondió con tristeza: “Sí, a mí también me ha venido pasando lo mismo”. (Pequeño relato basado en un cuento corto de Khalil Gibrán).

Pareciera ser que a medida que la humanidad evoluciona, la vida se vuelve más compleja y confusa. Cada vez se nos dificulta mas diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. Aquellos valores que nos transmitieron en nuestra infancia y que percibíamos con tanta solidez, hoy están siendo puestos en duda; y lo peor es que ha sido con argumentos serios, convincentes y hasta razonables. La dialéctica por fin ha logrado encontrar base y fundamento a través de la manipulación intelectual y emocional, para justificar actos atroces cuando el resultado es favorable a quien ostenta el poder, y a la vez, ha hecho ver como incongruentes, absurdos e inhumanos aquellos actos justos y reivindicativos efectuados por quienes están siendo oprimidos y los adversan.

Aquellos que alguna vez se levantaron en armas y justificaron el uso de la violencia como último recurso válido para proteger la integridad de los suyos y defenderse de la opresión de la que eran víctimas, finalmente alcanzaron la victoria. Hoy, ostentan el poder y actúan de la manera más vil y despiadada, adjudicándose a sí mismos el uso exclusivo de la fuerza bruta para acallar con violencia a quienes intentan levantar la voz, con la excusa de que “No hay otro camino que la paz”.

Aquel joven caballero andante, de armadura reluciente y espada justiciera, que arriesgó su vida y la de sus compañeros de armas para rescatar a “Democracia”, esa joven doncella secuestrada, ultrajada y violada por la turba política dominante, por fin ganó la batalla. Arrasó con la turba, conquistó el poder y rescató a la doncella; pero luego, se quitó la máscara y se mostró tal cuál era. Bajo la justificación de ser el ganador de esa guerra se apropió del poder y también de la joven. En poco tiempo, todos sus enemigos fueron reducidos y masacrados, y la joven Democracia fue nuevamente sometida, torturada, violada y abusada por él mismo, hasta que perdió el gusto. Después, se la entregó a su propio ejército, para que la maltrataran y violaran a su antojo, hasta que ella misma perdió el valor y las fuerzas de defenderse, de revelarse, y se entregó mansamente a la actitud lasciva y cruel de sus captores.

Así, de la manera más vil, quedó demostrado que nunca hubo “Honor” en la lucha, ni defensa del Honor. Esa jauría de bestias asesinas demostró con sus actos, que jamás lucharon por el Honor de la joven Democracia ni por la libertad de su pueblo, sino por su propia ambición de ostentar el poder, para adjudicarse a sí mismos el derecho a violarla ellos también, y aún de manera más despiadada y salvaje que sus antecesores.

¿Acaso habrá algo que tengamos que aprender de todo esto? …

Pues sí, definitivamente si, pues ahora por fin podemos reconocer el rostro del mal.

Ahora ya sabemos quiénes son en realidad.

Y si el mal se acerca otra vez, de la misma manera que el bien, en silencio y con timidez, ¿Como nos daremos cuenta que es otro engaño? ¿Como haremos para no caer otra vez? ¿Como distinguiremos el Bien del Mal?…

Para eso tenemos que aprender a aplicar siempre, siempre, siempre, la sabiduría del rey Salomón, como en la parábola aquella de las dos mujeres que se disputaban la maternidad de un bebé recién nacido. Como ambas juraban que lo habían parido, el rey Salomón dictaminó que partieran al niño en dos y le dieran la mitad a cada una. Por supuesto que la verdadera madre del niño no permitió que sacrificaran a su hijo, y prefirió cederle la maternidad a la otra con tal que el niño continuara con vida. Así supo Salomón cuál era la verdadera madre, y le entregó su criatura.

Cuando tengas dudas de donde está el bien y donde está el mal, no oigas la dialéctica, no hagas caso al discurso, sólo observa la actitud, y veras que el mal siempre prefiere partir al niño en dos para quedarse aunque sea con la mitad, en cambio el bien es capaz de ceder en todo con tal que el niño salga ileso. Porque el bien siempre “suelta”, y el mal siempre “descuartiza”; cuando el bien acaricia, el mal rasguña; el bien te guía, el mal te empuja; el bien aconseja, el mal dictamina; el bien obedece las leyes aún a costa de sí mismo, el mal las transgrede siempre, y sólo las aplica si le favorece; el bien siempre renunciará al poder si eso evita una guerra, el mal usará siempre la guerra para acceder al poder; el bien produce bienes, el mal confisca el bien ajeno; el bien dice: Acá cabemos todos, el mal replica: Ni por las buenas, ni por las balas!

Por todo esto, estamos obligados a aprender cuanto antes, que la única manera de combatir el mal es practicando el bien en toda circunstancia, pero sobre todo en las más difíciles, porque el mal, que se alimenta de la violencia, nos invitará a violentarnos; el mal, que se alimenta de la mentira, nos invitará a mentir; el mal, que se alimenta del crimen, nos invitará a delinquir; y deberemos estar muy claros y decididos para no caer; deberemos dejar de alimentarlo si queremos debilitarlo; o como decía Jesús: ‘’El mal de este mundo viene a mí, y no encuentra nada de qué asirse”.

Y ahora, que estamos listos y claros ¡Ahora viene lo mejor! ¡Ahora viene la Revolución auténtica! La revolución buena! La revolución de la gente de bien! A partir de hoy, todos tenemos que estar muy despiertos y alertas al bien, para no dejarnos engañar otra vez. Y tenemos que estar muy atentos porque si no, tal vez llegue el bien y no nos demos cuenta, porque al contrario del bullicio y la ensordecedora parafernalia del mal, el bien no quiere hacer ruido para no molestar; el bien no se quiere hacer ver porque es tímido y no quiere incomodar; el bien no levanta la voz para no ofender… Pero tenemos que despertar al bien! Tenemos que sacudirlo para que se avispe! Tenemos que salir a hacer el bien en todas partes! Tenemos que predicar el bien por todos lados! Tenemos que sacar el bien a la calle, no dejarlo encerrado en casa! Tenemos que darnos cuenta de una vez por todas que en lo único que el mal a podido superar al bien es en audacia, por eso el bien tiene que aprender a ser audaz, tiene que salir de su enclaustramiento, tiene que ocupar todos los espacios, tiene que romper todas las cadenas! Porque ya es el tiempo del bien!!!

Dante Melinger.

5 comentarios en “El Bien y el Mal

  1. Me gustó mucho esta frase “…Porque el bien siempre “suelta”, y el mal siempre “descuartiza”;” y el párrafo completo también, pero no tanto como esta frase, es muy poderosa espiritualmente.

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  2. Muy interesante escrito, querida amiga. Son innumerables las veces, durante la historia de la humanidad, que se han cometido las más viles atrocidades “en nombre de la justicia”, o en aras de proteger o defender lo que se tiene concebido como “bien” o “correcto”. Hay una línea muy delgada que separa lo justo de lo correcto, pues la justicia es algo cuyos parámetros están definidos o acordados por un grupo de gente que, sin duda, actúa bajo sus propios criterios o intereses. Y ambos conceptos se diluyen en la concepción subjetiva de lo que para algunos es el bien. Leí por ahí una vez que no se sabe cuánto daño se puede propinar “con las mejores intenciones”. Es preciso conducir la vida con rectitud, pero con flexibilidad y haciendo el bien sin esperar recompensas y, por supuesto, no actuando cual tiranos imponiendo criterios, ideologías o religiones a los demás.

    Cuántas veces he escuchado esa trillada frase: “lo hago por tu bien”. Es ahí en donde se pone en tela de juicio la objetividad del concepto de “bien”, pues el ego es uno de los venenos que contaminan la pureza de nuestras acciones.

    Siempre es un gusto leer tus escritos y, en este caso, el de tu padre..

    ¡Saludos!

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